Porqué siempre habrá más periferia que centro.

Abrahán R.B. rxba87@gmail.com @abbrahan

martes, 13 de julio de 2010

Fuga de cerebros.


Al final siempre decían lo mismo, me urge huir, me urge irme de aquí ya. Cuando se les pregunta ¿de qué huyen?¿por qué lejos es mejor? dudan la respuesta y tardan en decir algo como sí buscarán algún pequeño animal que se esconde en el bolso o en la mochila sin dejarse atrapar, en tanto esperan a que aparezca una excusa contundente, algo que los convenciera sobre todo a ellos mismos de estar haciendo lo correcto y lo mejor para su futuro.

Algunos respondían que aquí no se puede trabajar, que los salarios son malos y los jefes unos déspotas explotadores. Otros hablaban de la corrupción del medio laboral y de su repulsión hacia seguir sus reglas, ancladas en el nepotismo, el compadrazgo y, casi, en el cacicazgo. Unos sólo escuchaban, en silencio, sin decir nada, como esperando a decir alguna réplica o algún comentario en el momento oportuno que no llegaba. Otros, la mayoría, simplemente enlistaban una serie de sucesos desagradables que habían sufrido. Se sucedían historias de acoso laboral, de acoso escolar, de robos y secuestros de algunos parientes, de asaltos en el coche en los semáforos a mano armada cuando regresaban de vacaciones. En tanto yo me levanté hacía la cantina a servirme un trago más, mientras oía como decían que casi pasaban el semáforo pero les tenia que tocar la luz roja, justo con ellos solos en el cruce en ese momento... yo me agachaba a revisar en donde habían escondido aquella cara botella de whisky que el amigo de no sé quien había traído, y entonces se aparecieron por los lados dos tipos a amenazarlos con arma en mano, para después con las cachas de las pistolas romper los cristales del auto, porque ellos no se querían bajar porque el coche era nuevo y ni siquiera lo habían terminado de pagar, y que el whisky se toma sin hielos y que qué bueno por que ya no había hielos, entonces las lágrimas de ella y el abrazo protector e impotente de él, y luego un breve silencio quizá de la misma forma que aquel día en quien sabe cual perdida avenida de la ciudad, y yo buscado un vaso de cristal limpio que había apartado entre los demás para no usar alguno de plástico, que siempre cambian el sabor de lo que uno toma en ellos, será porque trasmiten la temperatura de la mano al licor más fácil o porque sueltan plástico en la bebida o vaya usted a saber porque, lo que es seguro es que en esos vasos todo sabe horrible y con un whisky tan fino y tan caro ya abierto, no valía la pena desperdiciar su sabor de semejante manera.

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